jueves, 2 de enero de 2014

Metáforas de la migración

Comenzamos el nuevo año con una reflexión escrita en 2004 por J. Goytisolo*, que tiene plena vigencia.


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Los movimientos migratorios -no ya de conquista, sino a consecuencia del hundimiento de numerosas sociedades de un mundo globalizado, cuyos amos actúan como los encomenderos de las antiguas haciendas coloniales- son objeto de percepciones y metáforas que reactualizan a su modo las viejas fábulas de animales. Unos los ven como "nubes de langosta africana", termitas voraces, múridos de imparable multiplicación. Yo prefiero acogerme al imaginario de las leyendas beréberes sobre las cigüeñas, conforme hice en un capítulo de una de mis novelas.

Hoy, las cigüeñas emigran a la Fortaleza Europea y, desde sus nidos de las murallas de Marraquech, vuelan por el espacio de Schengen, pero los hombres y mujeres que las contemplan no. Vivimos en la época en que bienes, capitales y mercancías circulan sin trabas y las personas sueñan en un visado imposible o se juegan el pellejo para alcanzar la orilla vedada. Muchos son atrapados en las costas españolas e italianas, y otros, menos afortunados, yacen en el fondo del mar. Las cigüeñas tienen más suerte que ellos: la metáfora de su migración es aquí la de un sueño inaccesible o roto. Todos queremos ser cigüeñas, pero muchos no pueden. Y quienes lo consiguen son vistos por muchos como invasores: metáforas xenófobas de la langosta, de la termita o el ratón que corroen nuestras estructuras comunitarias, contaminan nuestro suelo con su perturbadora alteridad.
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Otra gestión de la inmigración es posible.  
No es una utopía, sino una necesidad.



*Juan Goytisolo es escritor. Este texto fue leído en el Fórum de las Migraciones de Barcelona y publicado en El País el 24/09/2004 con el titulo Metáforas de la inmigración

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